| Un poco de historia.
El Centro Andaluz de Arte Contemporáneo se creó mediante
un artículo de la Ley de Presupuestos de la Comunidad Autónoma
para 1990 (1) que apareció publicada en el Boletín
oficial el mes de febrero de ese año. No mucho después
aparecieron publicados los estatutos que daban forma a la reciente
institución (2).
Aunque el Centro se definía en estos textos legales como
una institución esencialmente dedicada a la "realización
de un amplio programa de exposiciones temporales", en esos
mismos estatutos se contemplaba la existencia de una colección
o colecciones permanentes de arte contemporáneo que colaborasen
a la finalidad última por la que se creaba este Centro: "dotar
a la Comunidad Autónoma de Andalucía de una institución
apropiada para la investigación, conservación, promoción
y difusión del Arte Contemporáneo".
Por este motivo, a la par que el Centro empieza a existir como institución
con un mínimo de personal y comienza a encarnarse en un proyecto
concreto que aspiraba a tener una sede física donde ubicarse,
se empieza también a adquirir obra contemporánea con
la que comenzar a formar unos fondos que se materializasen en una
futura colección.
Para esta tarea el CAAC cuenta con el apoyo de una "Comisión
Técnica", órgano colegiado consultivo que informa
las adquisiciones de obra de arte. Fruto de su tarea fue la adquisición,
hasta 1998 (3), de 79 obras entre las que destacaban las de artistas
nacionales e internacionales de prestigio, las cuales serán
en el futuro puntales básicos de la armazón de la
colección (4).
La reforma de los estatutos.
En 1996, tras las periódicas elecciones, el nuevo gobierno
procedió a la modificación de la estructura de la
Consejería, creando una nueva Dirección General de
Instituciones del Patrimonio Histórico (5) . Era el primero
de unos cambios que afectarían directamente al futuro de
nuestra institución.
En el último trimestre de ese año se destinaba para
sede del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo al Monasterio
de la Cartuja de Santa María de las Cuevas. Esta decisión
fue especialmente importante, ya que hasta el momento el Centro
sólo contaba con una oficina administrativa dentro de la
Dirección General de Bienes Culturales. El nuevo edificio
proporcionaba no solamente un "rostro" a la institución,
sino también --para bien o para mal--, una "concreción"
a las ideas, aspiraciones y programas de la que hasta el momento
se carecía y sin la cual era muy difícil trabajar.
El siguiente paso fue la reforma de los estatutos del Centro, medida
que quedará plasmada en el decreto 195/1997 de 29 de julio
(6). Sin embargo este decreto iba más allá de la reforma
estatutaria: Asignaba al Centro Andaluz de Arte Contemporáneo
la gestión directa del Conjunto Monumental de Santa María
de las Cuevas, institución que en este momento desaparecía,
y también la del Museo de Arte Contemporáneo de Sevilla
(7).
Lo que era en principio una unificación de recursos en torno
al Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, extrayendo de otras
instituciones los medios de los que éste carecía,
tuvo mayores consecuencias, pues el Museo de Arte Contemporáneo
de Sevilla, institución andaluza decana en este tema, prácticamente
desaparecía absorbida e integrada en el Centro Andaluz de
Arte Contemporáneo. El traslado material del museo con todos
sus objetos a la nueva sede del Monasterio de la Cartuja se efectuó
en el mes de junio de 1998, adscribiéndose a partir de entonces
el antiguo edificio de la calle Santo Tomás -la "Cilla
del Cabildo"- al vecino Archivo de Indias para ampliación
de sus instalaciones.
Una suma de colecciones.
Además de personal y partidas presupuestarias, el Museo de
Arte Contemporáneo de Sevilla aportaba su colección
de arte, que en aquel momento hacía un total de 1.228 obras.
Esta colección se había ido formando a lo largo de
casi treinta años y, como es de suponer, se componía
de partes muy diversas.
El Museo de Arte Contemporáneo de Sevilla se había
creado en 1970, es decir en los últimos años de la
anterior dictadura, cuando ya el país entero comenzaba a
respirar el deseo de la renovación. El arte contemporáneo
era un buen estandarte de los tiempos nuevos, lo que se plasmaba
en diferentes iniciativas como la nueva generación de pintores
abstractos, la creación de la Obra Cultural de la Caja de
Ahorros de San Fernando, la inauguración de la Galería
Juana de Aizpuru en Sevilla, o la fundación misma de este
museo.
En los primeros años de su existencia se comenzó a
adquirir una colección en la que aparecen firmas de los más
importantes autores españoles del momento, entre los que
cabría destacar a Guerrero, Mompó, Yturralde, Lucio
Muñoz, Zóbel y diferentes pintores vinculados tanto
al Paso como al Grupo de Cuenca entre los abstractos, y a autores
de las nuevas tendencias como la incipiente figuración, vinculada
o no a los movimientos pop (Equipo Crónica, Canogar, Luis
Gordillo, Darío Villalba ...). Se compró mucho en
poco tiempo. Por lo que podemos ver en la actualidad, una vez pasados
tantos años, las compras de aquel momento no solo acertaron
con los nombres de los artistas elegidos, sino que además
lo fueron de buenas y representativas piezas de cada uno de ellos.
Desgraciadamente el curso de los acontecimientos hizo que esta tendencia
no se mantuviese. Tras la dimisión del primer director e
impulsor, Víctor Pérez Escolano en 1974, el museo
entró en una etapa de atonía, sin dirección
y sin presupuesto, hasta que finalmente en 1975 desapareció
como tal, pasando a formar parte del Museo de Bellas Artes de Sevilla
como una sección del mismo. Se cerraba así una primera
etapa de formación de la colección.
En 1980 de nuevo el Museo de Arte Contemporáneo de Sevilla
volvía a independizarse. Estaba muy próximo ya el
estado de autonomías y las transferencias (8). Los museos
de titularidad estatal como éste serían a partir de
entonces gestionados por la Comunidad Autónoma, aunque el
edificio y la colección seguían dependiendo de los
servicios centrales del Estado.
Se inicia pues una segunda etapa para la colección del museo:
será ahora la Junta de Andalucía la que comience a
adquirir obras de arte, a formar su colección, la cual quedará
depositada en el Museo de Arte Contemporáneo, uniéndose
al resto de los fondos allí existentes.
Lo que adquiere la Junta de Andalucía tiene una nota común,
se adquieren en su mayoría autores andaluces (hasta entonces
poco representados). Dentro de estos autores andaluces, algunas
compras van encaminadas a recuperar figuras importantes del pasado,
como por ejemplo la adquisición en 1987 de un lote de obras
de Manuel Angeles Ortiz, o un año más tarde la adquisición
de un conjunto de dibujos de Antonio Rodríguez Luna, de su
época anterior al exilio. Otro conjunto de compras estuvo
centrado en la compra de obra de los autores que en los años
setenta rompieron con la pintura tradicional introduciendo lo abstracto
en estas tierras: José Ramón Sierra, Gerardo Delgado,
Juan Suárez, etc.
Junto a ellos hay que reseñar también la presencia
de alguna figura nacional o incluso internacional, pero sin embargo
la mayoría del esfuerzo fue encaminado a adquirir jóvenes
autores que entonces -mitad de los ochenta, con la llegada de la
"transvanguardia" y la aceleración que el mercado
del arte sufrió de improviso--, destacaban y apuntaban como
lo más prometedor: Rafael Agredano, Pepe Espaliú,
Guillermo Paneque, Antonio Sosa, Ricardo Cadenas, Federico Guzmán,
Pedro G. Romero... etc. La tarea de compra y apoyo a la nueva creación
ha seguido durante años, pudiendo afirmarse que es casi la
nota más característica de todo este conjunto.
Análisis global de la obra reunida
Hasta aquí a grandes rasgos los momentos principales de formación
de la colección con la que nos encontramos en la actualidad.
Si ha sido necesario remitirnos a ellos, aunque sea de forma somera,
es para poder aludir a la complejidad intrínseca del conjunto
de piezas que en los momentos actuales el Centro Andaluz de Arte
Contemporáneo alberga como colección.
Esta complejidad se manifiesta directamente en la "dispersión"
que impregna y envuelve a todas estas piezas = dispersión
cronológica, dispersión de estilos, dispersión
de autores. Es decir que lo que aparenta ser una colección
es un conjunto muy heterogéneo y de no fácil ligazón.
Piénsese que la pieza más antigua, en sentido cronológico,
es un óleo de Iturrino titulado Sevillanas en el campo, fechado
en 1904, seguido muy de cerca por Musa gitana de Julio Romero de
Torres, fechado en 1908. Junto a una escultura de Gustavo Bacarisas
(Gitana con mantón, 1919) entre otras cosas tenemos como
algo muy especial una acuarela del expresionista alemán Karl
Schmidt-Rottluff (1921), piezas notables todas ellas pero que al
estar aisladas no cuentan con un contexto adecuado para poder ser
expuestas con una mínima coherencia. Se podría seguir
con un largo etc., -como la colección de dibujos surrealistas
fechados en 1933 de Antonio Rodríguez Luna-, hasta llegar,
cruzando el siglo, a la última adquisición de una
obra fechada en 1999.
Para poder encontrar un sentido a esta acumulación un tanto
azarosa de obras se hacía necesario un análisis de
las mismas, incluso estadístico, que permitiese hallar un
camino hacia una propuesta coherente de colección. Es evidente
que era necesario saber la cantidad de obras y su tipología
(pintura, dibujo, escultura
). A ello hay que sumar lo interesante
que sería averiguar cuántos andaluces hay en la colección,
cuántos extranjeros, etc. Y no olvidemos que sobre todo esto
planea el problema de las diferentes titularidades a quien pertenecen
la obras de arte, lo que sectorializa más la cuestión.
El total de obra de arte suma en el presente 1.360 piezas, cifra
que puede resultar engañosa, dada la gran cantidad de obra
gráfica que existe. Exactamente la obra gráfica supone
casi el 65% del total. Por expresarlo más gráficamente,
el 65% de la colección está en un mueble planero.
Sin considerar ésta última, la colección asciende
a un total de 540 obras, incluyendo pintura, fotografías,
escultura y otros medios. Esta representación porcentual
es muy significativa porque pone de manifiesto la composición
real de la colección, la cual, sin menospreciar el valor
de la obra gráfica, no tiene la consistencia efectiva que
una mención a su volumen, las 1.360 piezas, puede aparentar.
Respecto a las fechas que abarca esta colección, y simplificando
bastante la cuestión, podemos decir que las obras de titularidad
estatal son en buena parte de los años 70 (junto a algunas
piezas de comienzos de siglo ya mencionadas), mientras que la década
de los ochenta será el momento en que la Junta de Andalucía
comienza su política de adquisiciones de artistas andaluces,
motivo por el cual es la década mejor representada en cuanto
a cantidad de obras, predominando la obra de jóvenes artistas.
Considerando la procedencia de los autores y haciendo grupos simples
("españoles", "extranjeros" y "andaluces"),
encontramos cierto equilibrio, ya que los primeros representan el
60% del total, los andaluces el 30% y los extranjeros tan solo el
10%.
Líneas básicas para el desarrollo de la colección
De este recorrido que hemos hecho por los fondos, citando alguna
de sus características más sobresalientes, podemos
llegar a concluir algunos presupuestos elementales, las líneas
básicas que den armazón al conjunto y que sirvan de
propuesta de orientación de la colección en un futuro.
Es evidente que el ámbito cronológico de lo que poseemos
es la segunda mitad del siglo XX, estando muy mal representada la
primera mitad (9). En esta segunda mitad de siglo a la que nos estamos
refiriendo, el año 1957 es un jalón significativo,
pues es el año del Equipo 57 y del grupo El Paso. Lo elegiremos
como año de inicio "teórico", el terminus
post quem para nuestra colección.
Definido así el ámbito cronológico, hay que
expresar que uno de los objetivos primordiales de este museo, aunque
sólo sea por el lugar dónde está ubicado, ha
de ser la recuperación del arte andaluz de vanguardia. Esta
recuperación se ha de hacer desde muchos ámbitos -el
estudio, las exposiciones temporales, la recuperación de
documentación. También desde la colección,
que puede tener a éste como uno de sus objetivos. Y esto
se puede hacer desde dos maneras: Por un lado lo que podríamos
denominar la mirada atrás, la aspiración a una reconstrucción
"historicista", en el buen sentido del término,
por medio de la búsqueda de piezas clave que permitan narrar
en sala los pasos más significativos de la evolución
del arte contemporáneo en Andalucía. Por otro lado
la mirada hacia delante, intentando incorporar las más recientes
producciones de artistas andaluces, consagrados o noveles.
Siguiendo con nuestra argumentación, dentro del amplio período
que se abre desde el mencionado año 1957 hasta hoy, se hace
también necesario -para su mejor articulación- buscar
una figura o figuras que sirvan como hitos que modulen el resto
de la colección. Candidato indiscutible para ser uno de estos
hitos un nuestra colección -con la ventaja añadida
de estar actualmente en plena producción y en un momento
muy brillante de la misma- es Luis Gordillo (Sevilla, 1934), el
cual ha sabido crear un estilo muy personal de largas y renovadoras
consecuencias que consideramos innecesario ponderar aquí
por lo obvio de la cuestión.
El arte español y el internacional ha de ocupar por tanto
un segundo puesto -hablando de la cantidad de obras y autores- frente
a lo andaluz. Lo decimos sin ambages. No podemos tratar de formar
un discurso historicista en lo nacional e internacional al modo
que planteábamos con los andaluces. Es tarea imposible dados
los presupuestos económicos que el Centro maneja, y quizá
también tarea del todo innecesaria. No se puede pensar en
cargar el acento en este aspecto que nos haría siempre ser
imitadores de otros grandes museos bien dotados. Nuestra personalidad
como institución está en otro sitio. Sin embargo tampoco
estamos proponiendo prescindir de la inclusión en el colección
de obras de ese carácter, ya que formar una colección
exclusivamente andaluza sería pura endogamia y provincialismo:
empobrecedor en definitiva. El arte internacional y nacional ha
de jugar otro importante papel aquí: el de contrapunto, el
de referente, el de la necesaria contextualización de los
autores andaluces; serán obras ligadas a la colección
como apoyo a los contenidos de la misma. Por otro lado la falta
de abundancia de obras internacionales se suplirá fácilmente
con exposiciones temporales, las cuales sería conveniente
estuvieran en ocasiones conectadas con lo expuesto en la colección
permanente, de forma que se pudiera dar un fructífero coloquio
entre ambas.
Por último permítasenos apuntar otro de los rasgos
que ha de tener nuestra colección. Un museo halla su sustento
en su reflexión sobre el pasado. Sin embargo para el caso
que nos ocupa de una institución centrada en lo contemporáneo,
que además inicia su andadura en los últimos momentos
del siglo, consideramos que es de especial importancia hallar un
equilibrio perfecto entre la recuperación de piezas del pasado
próximo, propuesta más arriba, y la continua incorporación
de obras de factura muy reciente con las que poder entrar en el
siglo venidero. La colección debe bascular siempre hacia
delante, ha de evitar el envejecimiento. Por ello consideramos de
vital importancia mantener esta línea, adquirir anualmente
obra muy reciente, incluidos los más jóvenes asumiendo
el riesgo de equivocarse en la elección, y más adelante
seguir adquiriendo obra de los mismos no conformándose con
poseer una sola obra de cada autor, y años después
continuar siguiendo su trayectoria, de forma que con el paso del
tiempo este Centro Andaluz de Arte Contemporáneo haya ido
creciendo a la par que sus artistas.
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