| José
Ramón LÓPEZ RODRÍGUEZ, "El largo camino de
una colección, la lenta gestación de un museo", en:
AA.VV. (1995) .-Itálica
en el Museo Arqueológico de Sevilla, Sevilla, Consejería
de Cultura de la Junta de Andalucía, Fundación El
Monte, pp.11-25 |
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| Un
museo es un proyecto a muy largo plazo y en consecuencia, de desarrollo
muy lento. A veces la gestación de un museo, entendida como
la evolución de las colecciones que constituirán su
núcleo futuro, se remonta muy atrás en el tiempo,
con una trayectoria que es más compleja y larga que su desarrollo
posterior.
El caso del Museo Arqueológico
de Sevilla que ahora nos ocupa es particularmente significativo
al respecto, pues en cierta forma es heredero no solamente ya de
piezas que formaron con anterioridad parte de otros museos, sino
de una larga tradición museográfica, precisamente
en una ciudad como Sevilla que fue pionera, en cuanto a la Península
se refiere, en conocer este tipo de colecciones.
En efecto, hemos de remontarnos
al siglo XVI para ver aparecer en estas tierras un coleccionismo
arqueológico, coincidiendo con uno de los momentos más
brillantes para la ciudad, a lo que no es ajeno la prosperidad que
supuso el ser puerto y puerta de las recién descubiertas
Indias. Esta prosperidad va a permitir que el renacimiento sevillano
tanto en letras como en artes, aunque tardío, sea muy vivo
y floreciente. Comienzan a reunirse lápidas y esculturas
romanas que son testimonios parlantes de una antigüedad con
la que se sentía más identificada una ciudad que se
apresuraba a incorporarse al mundo moderno saliendo de su pasado
medieval musulmán. Nada mejor para ello que entrar directamente
en la mitología y así es como se llegará a
la reclamación de la estirpe de Hércules, "fundador"
de Sevilla, al que se dedica la nueva Alameda que lleva su nombre
y cuya iconografía será plasmada en la decoración
plateresca del Ayuntamiento. "HÉRCULES ME EDIFICÓ,
CESAR ME CERCÓ DE MUROS Y TORRES ALTAS..." rezaba una inscripción
en la Puerta de Jerez, cuya copia dieciochesca puede aún
verse hoy día sobre un edificio del lugar. |
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| En
la segunda mitad de este siglo XVI encontramos ya constituidos auténticos
museos -llamados así en los documentos contemporáneos-
en los cuales no falta entre otras cosas (junto a la biblioteca
y curiosidades del mundo natural), un nutrido monetario y un buen
lote de inscripciones epigráficas. Los han formado por un
lado caballeros de elevada posición en la ciudad, tales como
Argote de Molina (1), cuyo museo mereció la visita del rey
Felipe II, o Per Afán de Ribera, que siendo virrey de Nápoles
reunió una colección de estatuaria antigua que envió
finalmente a su palacio en Sevilla (2). |
(1)
PACHECO, Francisco (1985)
.-Libro de Descripción de Verdaderos Retratos de Ilustres
y Memorables Varones, [Sevilla, 1599]. Edición e introducción
de Pedro M. Piñero Ramírez y Rogelio Reyes Cano, Sevilla,
Diputación Provincial. pp. 273-274.
(2) LLEÓ
CAÑAL, Vicente (1987) .-"El Jardín Arqueológico
del primer duque de Alcalá", Fragmentos, 11, pp. 21-32.
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| Pero
los museos sevillanos del XVI también estuvieron fundados
por otros personajes. Eran hombres de latín y teología,
esta nueva especie de intelectual de la época, humanistas
fascinados con la antigüedad clásica. Seguramente por
causa de la rareza de restos romanos monumentales en toda Andalucía
(salvo la visibles ruinas de la cercana Itálica), a la par
que una relativa abundancia de restos epigráficos, surge
ya en el siglo XVI una corriente muy particular de coleccionismo,
la que busca fuentes para la Historia, cuyo origen arranca de los
estudios arqueológicos del cordobés Ambrosio de Morales
(3), en torno al cual girará todo un mundo de erudición,
de "amantes de la sacrosanta antigüedad", que serán
coleccionistas de lápidas y monedas,
sobre las que aplicarán su cuantiosa laboriosidad para conocer
no solo la topografía antigua sino también usos y
costumbres y en general todo lo que pudiera aportar información
sobre aquel pasado glorioso que la tierra guardaba bajo sus pies
y del que se sentían plenamente herederos. |
(3)
BELTRÁN FORTES, José (1993) .-"Entre la erudición
y el coleccionismo: anticuarios andaluces de los siglos XVI al XVIII",
en: La antigüedad como argumento. Historiografía
de arqueología e historia antigua en Andalucía,
Sevilla, pp. 114-116. |
| La
línea que ellos iniciaron atravesará todo el siglo
XVII y Rodrigo Caro (4), a caballo entre los siglos XVI y XVII es
en Sevilla el ejemplo perfecto de esta corriente. Inevitablemente
unido en la memoria al famoso poema A las ruinas de Itálica,
por el "pathos" que sus versos destilan sobre el paso del tiempo
que aún hoy sigue provocando resonancias, su obra histórica,
sólida y bien trazada a pesar de algunos errores que ineludiblemente
contiene, es todavía una fuente de información muy
valiosa. Con él por tanto la ciudad romana de Itálica
entra en la historiografía adornada de un aura que ya no
perderá nunca. |
(4)
GARCÍA BELLIDO, Antonio (1951) .-"Rodrigo
Caro. Semblanza de un arqueólogo renacentista", Archivo
Español de Arqueología, XXIV, pp. 1-22.
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| Poco
después de morir Rodrigo Caro, a mitad del siglo XVII, se
comienza a formar en Estepa otra colección arqueológica
que andando el tiempo terminará en parte, ahora sí,
en el actual Museo Arqueológico de Sevilla. Juan de Córdoba
Centurión, hijo ilegítimo del marqués de Estepa,
se trazó el plan de reunir una colección con todos
los restos escultóricos y epigráficos que se hallaban
en sus territorios. Para ello se hizo construir en Lora de Estepa
un palacio, cuya fachada miraba a la plaza y que tenía unos
hermosos jardines traseros (5). |
(5)
BARCO, Fr. Alejandro del (1994) .-La
antigua Ostipo y actual Estepa, Estepa. Edición, introducción
y notas de Alejandro Recio Veganzones, pp. 215-255. |
| Aunque
en el programa inicial estaba previsto que la colección fuese
en una sala baja del palacio con rejas a la calle (desde donde podría
ser vista) (6), finalmente se optó por una fórmula
más privada, la del "jardín arqueológico",
al menos para las esculturas (7), que fueron colocadas en los nichos
de unas loggias que unían la casa con los jardines. La figura
de Juan de Córdoba se nos presenta como el paradigma del
coleccionismo culto de estos siglos, un hito más en el camino
que está recorriendo la museografía andaluza y, aunque
sólo una mínima parte de lo reunido por él
procedía de Itálica, de oportuna mención aquí
ya que a final del siglo XVIII la colección de Lora fue llevada
a los Alcázares de Sevilla para integrarse en otra mayor,
la que estaba formando D. Francisco de Bruna, que sería a
la larga de importancia capital a la hora de constituirse el "Museo
de Antigüedades" sevillano, germen del arqueológico
actual. Pero no adelantemos acontecimientos.
Nos
encontramos ya en pleno período ilustrado, en el último
tercio del siglo XVIII. Los hombres de letras se reúnen en
Academias y Sociedades donde se habla y se proyecta, se discute
de agricultura, historia, economía, instituciones..., siempre
con las miras puestas en un alto objetivo: la reforma del país
por medio de la razón; su racionalización en definitiva.
De entre los hombres de este final de siglo destaca con especial
brillo el mencionado D. Francisco de Bruna (1719-1807), por las
largas secuelas que su persona y colección dejaron, tanto
en el campo de las Humanidades como en el propiamente museístico.
Nació en Granada, lugar en el que su padre, Don Andrés
de Bruna, desempeñó el cargo de Oidor. Siguiendo su
pasos, Francisco estudió derecho en Sevilla, ciudad a la
que estuvo siempre vinculado. |
(6)
Así consta en el documento presentado por este personaje
ante el Cabildo de Estepa en el que solicitaba retirar la estatua
de Hercules que se hallaba en esa ciudad. AGUILAR Y CANO, Antonio
(1886-1888) .-Memorial Ostipense, Estepa, vol. I, p. 53.
(7)
Así se dice en la escueta (aunque
llena de retruécanos) mención que de la colección
hace el P. San Román: «Con la destreza de su genio puso por
orden en quarto aparte las vasas, losas y epitafios, con rotulo
de adonde fueron traidas. En otro descuvierto pasadizo colocó
cinco bien entalladas figuras, con esta graduación: las tres
primeras dice su mote de Estepa, la quarta de Italica, y lleva el
numero quinto una de Lora, ec.». SAN ROMÁN MUÑOZ,
Juan de (1716) .-Discursos sobre la republica i ciudad antiquissima
de Ostipo, i su fundacion segunda: con un sylabario de las antiguas
familias della y en particular, la mui celebre y generosa del apellido
noble de Muñoz, ms. folio 52 vtº. |
| Muy
joven aún, ocupa en 1746 el puesto de Oidor en Sevilla, llegando
a ser posteriormente Oidor Decano en su Real Audiencia. Tiempo después,
en 1765, y a propuesta del duque de Alba, será nombrado teniente
Alcalde de los Alcázares de Sevilla, lugar que no abandonará
ya hasta su muerte (8). A partir de este nombramiento la figura
de Bruna comienza a consolidarse y a perfilarse nítidamente,
de forma que ahora ya es imposible separar personaje y lugar pues
desde aquí ejercerá toda su actividad en el campo
que nos ocupa. |
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| (8)
Ver la biografía de este personaje
con abundante información acerca de sus actividades en: ROMERO
MURUBE, Joaquín (1965) .-Francisco de Bruna y Ahumada,
Sevilla. |
| En
efecto, Bruna concibe la idea de crear en el Alcázar una
Colección de Inscripciones y Antigüedades de la Bética
(9), la cual será de carácter público pues
cuenta con la aprobación real a través de Floridablanca
y es de hecho financiada con fondos del Estado. La gran actividad
desarrollada por Bruna en torno al proyecto queda patente por doquier.
Releyendo textos de la época detectamos su presencia allá
donde se encuentre algún resto de antigüedad que pueda
formar parte de su colección: Mulva, La Luisiana, Cantillana,
La Carolina, La Carlota o El Arahal, además de la ya mencionada
Estepa y, muy especialmente, de Itálica. |
(9)
D. Antonio Ponz, que lo tenía en gran
aprecio, dice de él: «Don Francisco de Bruna, decano de la
Real Audiencia de esta ciudad y teniente de alcalde de los Reales
Alcázares, ha sido y es muy celoso de estos monumentos de
la antigüedad y de las artes, de los cuales tiene recogidos
muchos en su casa, encontrándose buen número de bustos
antiguos, pedestales y lápidas con inscripciones romanas,
algunas árabes y buena porción de medallas de todas
clases, camafeos y otras piedras grabadas, librería apreciable,
con gabinete de Historia natural, competente colección de
pinturas y dibujos originales de los más célebres
profesores que han florecido en Sevilla». PONZ, Antonio (1988) .-Viaje
de España, Madrid, Aguilar, tomo IX, carta IX, § 10.
|
| La
ciudad romana de Itálica, nunca olvidada de los eruditos,
se encontraba muy cerca de Sevilla, y el eco de los logros en Estabia,
Pompeya y Herculano que se están excavando por estas fechas
en la vecina Italia (10), haría de esta ciudad romana una
tentación casi inevitable para acudir a ella en busca de
piezas monumentales. De Itálica
procederán las mejores esculturas de lo reunido en Sevilla.
Bruna inicia en este yacimiento las primeras excavaciones sistemáticas
en el año de 1781 (11). Fue en aquel año cuando apareció
el espléndido torso de Diana que guarda ahora el museo, junto
a un torso de joven desnudo y dos pedestales monumentales. En toda
la década de los ochenta irán apareciendo en Santiponce,
entre otros materiales romanos, diferentes esculturas siempre de
calidad, como -además de las ya mencionadas- el "trajano"
desnudo, varios torsos desnudos y un emperador deificado. Estas
esculturas, difundidas ampliamente por unos dibujos que publicó
Ponz (12), sirvieron igualmente para dar prestigio no sólo
a la colección sino también a la obra y figura de
Bruna, que es ya ampliamente elogiada por sus contemporáneos.
|
(10)
FERNÁNDEZ MURGA, Félix (1962)
.--"Roque Joaquín de Alcubierre, descubridor de Herculano,
Pompeya y Estabia", Archivo Español de Arqueología,
XXXV, pp. 3-35; REPRESA FERNÁNDEZ, Francisca (1988) .-El
Real Museo de Portici (Nápoles) 1750-1825. Aproximación
al conocimiento de la restauración, organización y
presentación de sus fondos, Valladolid, Studia Archaeológica,
nº 79.
(11)
El resultado de estas excavaciones lo
comunica Bruna a Floridablanca: ARRIBAS, Filemón (1950) .-"Datos
y documentos sobre arte, procedentes del Archivo General de Simancas",
Boletín del Seminario de Arte y Arqueología.,
Valladolid, XVI, pp. 188-199. La misma carta, aunque sin la respuesta
de Floridablanca, que Arribas incluye, ya había sido publicada
en Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, V, 14, 1875, pp. 240-241,
en una transcripción de P. Ferrer. Ésta última
referencia la hemos visto a veces citada como BRUNA (1875), "Informe
sobre antigüedades sevillanas", aunque este título falta
en el encabezamiento a la carta en la revista mencionada.
(12)
PONZ (1988), tomo XVII, carta V, § 12-13.
|
| La
estatuaria se encontraba colocada en uno de los salones del "palacio
gótico" del Alcázar, mientras que la epigrafía
y restos arquitectónicos estaban en el "Patio de María
Padilla", ambos remodelados ampliamente tras el terremoto de 1755.
El monetario y el resto de las colecciones particulares de Bruna
estaban resguardadas en vitrinas en la parte alta del palacio, que
era la vivienda de nuestro personaje (13). En este palacio gótico
tenía su sede también la Academia de Buenas Letras
y el salón de las estatuas servía para los actos solemnes
de la Academia de las Tres Nobles Artes, que tenía allí
también una serie de cuadros procedentes de la exclaustración
de los jesuitas y una colección de estatuas de yeso, vaciados
de las regaladas por Mengs a Carlos III. |
| (13)
ROMERO MURUBE (1965), p. 42. |
| Pero
cuando Bruna muere en 1807, surgen problemas con el reparto de sus
bienes, especialmente en lo que se refiere a las colecciones. En
efecto, uno de los rasgos que ha caracterizado lo reunido en el
Alcázar es la mezcolanza: conviven los cuadros, el monetario
y los yesos de las Academias con la Colección de Antigüedades
de la Bética y con las colecciones particulares de Bruna,
ya que él personalmente ha sido el impulsor de todo el conjunto
(14). Hay que dilucidar quien es propietario de qué y el
propio rey interviene. Por orden real se detiene la testamentaría,
todo se empaqueta preventivamente, enviándose los inventarios
a Madrid. Estos inventarios (15) incluyen la abundante biblioteca,
que ya había sido muy alabada por Moratín (16), las
pinturas, tanto las que tenía Bruna como las que reclamaba
la Academia como suyas, los camafeos y las antigüedades, siendo
a pesar de su imprecisión, la única puerta que queda
para poder conocer el contenido de lo allí reunido. Pero
no solamente fueron enviados al rey los inventarios. El día
22 de julio de 1807 partía para Madrid un carro en el que
se transportaban entre otras cosas los cuadros seleccionados para
la corte: una Adoración de los Reyes Magos de Velázquez
(hoy en El Prado), una Susana de Veronés, dos tablas
atribuidas a Tiziano y un valioso libro de dibujos originales de
la escuela sevillana del siglo XVII (17).
Había comenzado la
dispersión de lo reunido en el Alcázar a lo que se
sumarán pronto nuevas circunstancias adversas -la invasión
francesa- y con ello a disolverse lo que podía haber sido
una base sólida para el inicio de una museografía
de calidad en nuestra ciudad muy en los albores del XIX. Por ello
siempre queda abierta una puerta a los futuribles, como lo expresó
Romero Murube, biógrafo de Bruna: |
(14)
La confusión es especialmente patente
en el caso del monetario, que se nutría además de
otras aportaciones, como las del Dr. Germán y Rivón
y las del Sr. Baquerizo. La Academia se sintió posiblemente
siempre heredera del mismo y como tal lo reclamó en diversas
ocasiones. Seguramente también se sentía con cierto
derecho de tutela sobre las antigüedades. Ver los comentarios
de GÓMEZ IMAZ, Manuel (1908) .-Sevilla en 1808. Servicios
patrióticos de la suprema Junta en 1808 y relaciones hasta
ahora inéditas de los regimientos creados por ella, escritas
por sus coroneles, Sevilla, pp. 151-154.
(15)
ROMERO MURUBE (1965), pp. 97-141.
(16)
FERNÁNDEZ DE MORATIN, Leandro (1988)
.-Viage a Italia, Madrid, edición crítica de
Belén Tejerina, p. 635.
(17)
ROMERO MURUBE (1965), pp. 79-80. Era un
libro con originales de Murillo, Zurbarán, Pacheco, Valdés
Leal y otros, que Romero Murube da por perdido. Sin embargo hemos
encontrado una noticia curiosa: estando Pascual de Gayangos en Londres
en 1874 asistió a una venta de libros y antigüedades
en la que se remató «un álbum de dibujos originales
de Murillo y otros pintores sevillanos» junto a otros dibujos de
Pacheco. Tal vez se trate del mismo álbum, salido del país
años después de lo que estamos narrando. El comprador
fue D. Federico Guillermo Cosens, que pagó 60 libras esterlinas
por todo: Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, IV,
1874, pp. 226-227. |
| «Si
un destino adverso no hubiera diseminado todas aquellas riquezas,
si los sevillanos de entonces hubieran tenido conciencia y hubieran
hecho retener para la ciudad todos aquellos conjuntos, ¿qué
museos, qué galerías
exóticas y de valores peregrinos no ennoblecerían
hoy nuestra ciudad?» (18) |
(18)
ROMERO MURUBE (1965), p. 61.
|
| En
mayo de 1808 la ciudad de Sevilla se levantaba contra el ejército
francés. Entre los sucesos que entonces ocurrieron, el gentío
asaltó el Alcázar, no salvándose de los destrozos
los salones donde estaban las colecciones ni los que eran sede de
las Academias. Cuando se pacificó la ciudad, D. Francisco
González de Haro, secretario de la de Buenas Letras,
reclamó al Alcázar la posesión de las salas
y sus efectos y, según su testimonio, «habiendo entrado
en ellas, se halló con el archivo destrozado, los cajones
abiertos y saqueados, los libros por el suelo y todo en desolación
y ruina» (19). Dispersados los miembros de las Academias, huida
la intelectualidad por las amenazas tanto de uno como otro bando,
es buen índice del estado de cosas que acarrearon estas anomalías
políticas saber que hasta 1820 no volvió a reunirse
y reconstituirse la citada Academia. |
(19)
GÓMEZ IMÁZ (1908), p. 157
|
| De
momento lo que queda de la Colección de Antigüedades
de la Bética ha permanecido en el Alcázar y pasan
unos años en los que el tema parece muerto. Solo terminando
la década de los treinta vuelve a aparecer, ahora definitivamente,
la idea de un museo. La Desamortización era una cuestión
que venía planteándose periódicamente desde
el siglo XVIII, pero será en estos momentos cuando se tomen
medidas más drásticas. El gobierno de Mendizábal,
responsable de las de los años 1835-37, sólo volvió
a poner en vigor las medidas decretadas en el trienio liberal. Presionada
la nación por las guerras carlistas, se hacía acuciante
una capitalización del Estado por este medio, a la par que
se beneficiaba a una pujante y ambiciosa clase media. Las medidas
afectaban por tanto en especial a las propiedades rústicas
y en cuanto a las urbanas, a las grandes parcelas de los monasterios
en el corazón de las ciudades, un suelo apetecible sobre
el que edificar y con el que especular. El destino de las colecciones
artísticas que estos inmuebles guardaban no fue tomado en
excesiva consideración. Sólo la evidencia de los hechos
y las voces que se levantaron obligaron al gobierno a tomar medidas
ordenando que se hiciera un inventario de lo existente. Poco a poco
se va abriendo paso la idea de que se pueden formar museos con lo
recuperado y ya en fecha tan temprana como en 1835 se crea en Sevilla
una "Junta de Museos" encargada de reunir los bienes artísticos
de los conventos suprimidos. Tras muchas vicisitudes se encuentra
entre los edificios desamortizados uno donde instalar el Museo:
el ex-convento de la Merced (20). |
(20)
Ver una pormenorizada historia de los
primeros pasos del Museo de pinturas en: MORENO, Arsenio (1991)
.-"Historia de un museo", Museo de Bellas Artes de Sevilla, Sevilla,
Gever, Tomo I, pp. 33-46. |
| En
1844 se crean las Comisiones de Monumentos, que sustituyen a las
Juntas anteriores y una de cuyas misiones será la de regentar
los museos. La de Sevilla se hizo cargo del Museo de Pinturas, que
contó pronto con una sección de antigüedades,
tema por el que la Comisión se mostró siempre interesada.
Esta sección de antigüedades se constituirá con
hallazgos italicenses, ya que en 1842 se documenta el ingreso en
el museo de lo que se encontraba en el Gobierno Civil (21), procedente
tanto de las excavaciones iniciadas en 1839 en la ciudad romana
por Ivo de la Cortina, oficial primero de dicho Gobierno, como de
las que años antes había hecho el Jefe Político
de Sevilla, D. Serafín Estébanez Calderón (22).
|
(21)
LORENZO MORILLA, José (1987) .-El
Museo arqueológico provincial de Sevilla: Historia e Institución,
Sevilla, memória de Licenciatura inédita, p. 24. En
el archivo del Museo Arqueológico de Sevilla se conserva
el inventario de los objetos de este traslado.
(22)
GARCÍA BELLIDO, Antonio (1979)
.-Colonia Aelia Augusta Italica, Madrid, Instituto Español
de Arqueología, p. 60. |
| Pero
volvamos a la colección de antigüedades romanas que
hemos dejado abandonada en el Alcázar. El año de 1842
pudo haber cambiado el destino de estas piezas (y del actual museo),
pues se pensó seriamente en su traslado a Madrid (23). Viene
a Sevilla desde Madrid Juan de Astorga, director de Escultura de
la Academia y socio de la Sociedad de Amigos del País, el
cual emite con fecha de 19 de junio un informe seleccionando las
mejores piezas. Simultáneamente el Jefe Político de
la Provincia está haciendo gestiones en la corte para que
le entreguen a él la colección. Por fin, el 20 de
octubre se ordena que se lleven las esculturas a Madrid para formar
parte del Museo Real. Entre lo seleccionado está lo mejor
de lo aparecido en Itálica: el torso de Diana y el Trajano
deificado y desnudo. |
(23)
Los datos que a continuación se
expresan están tomados de diversos documentos custodiados
en el Archivo del Alcázar de Sevilla, caja 153. |
| Pero
con gran rapidez la Academia de Buenas Letras de Sevilla reacciona
y el 8 de noviembre solicita le sea devuelta la colección
completa ya que le pertenece, pues tiene documentos que lo prueban,
aduciendo que sólo había perdido la posesión
de la misma cuando los franceses los desalojaron del Alcázar.
El efecto es casi inmediato y el 22 de noviembre se ordena suspender
el envío a Madrid hasta averiguar la razón que asiste
a la Academia en sus reclamaciones. La paralización del expediente
de traslado, con el tiempo, se hará definitiva. Las antigüedades
que reuniera Bruna se quedarán en Sevilla.
Sin embargo aún tendrán
que pasar muchos años hasta que se integrasen en el Museo.
En 1848 la Comisión de Monumentos solicita que se trasladen
los objetos de antigüedad al Museo de la Merced. Se respondió
negativamente, pero poco después una nueva reclamación
vino a complicar las cosas. Esta vez los solicitantes eran los Duques
de Montpensier, recién instalados en Sevilla tras su boda,
los cuales deseaban trasladar las esculturas a su palacio de San
Telmo. Había que tomar una resolución y el asunto
se zanjará definitivamente en 1854: por R.O. de 20 de octubre,
la colección es asignada definitivamente al Museo Provincial,
efectuándose el traslado en julio de 1855 (24). |
(24)
El «Inventario de los obgetos históricos
procedentes de las ruinas de Itálica que en virtud de la
Real orden de 20 de Octubre de 1854 han sido trasladados al Museo
de Pintura de esta Ciudad...», firmado por Antonio Cabral Bejarano,
fue ya publicado por ROMERO MURUBE (1965), p. 91 |
| Con
la llegada de lo procedente del Alcázar, los fondos del museo
tomaron consistencia, dada la calidad e importancia de muchas de
sus piezas. Sin embargo el museo seguía siendo una sección,
la de antigüedades, del de Pinturas. La personalidad jurídica
como museo independiente no la adquirirá hasta el último
cuarto de siglo, constituyéndose como tal en 1879.
|
|
| De
los 335 objetos (25) con que contaba en la fecha de su inauguración,
1880, (hoy tiene unos cincuenta mil), se hizo cargo D. Manuel Campos
Munilla, nombrado primer director. La instalación se efectuó
en tres de los corredores del claustro mayor del convento de la
Merced, que se habían cerrado para tal efecto según
proyecto de Demetrio de los Ríos, formando así unas
salas estrechas y alargadas: a ambos lados de ellas se amontonaban
abigarradamente estatuas, lápidas y pedestales
sin ningún orden (piezas mayores que eran lo que ante todo
contenía el museo) dejando libre un estrecho corredor central
para el visitante. Con el tiempo se fueron añadiendo vitrinas
delante de estas piezas grandes para contener los objetos más
menudos. |
(25)
Libro de Registro de Objetos en Propiedad,
Museo Arqueológico de Sevilla. |
| Pero
los problemas de espacio en el museo de Bellas Artes eran acuciantes.
El edificio era además sede de la Comisión de Monumentos
y de la Academia de Bellas Artes, que
tenía allí su Escuela. También se estableció
una Facultad Libre de Farmacia y luego una Escuela Nacional de Maestros
(26). El Museo Arqueológico padecía consecuentemente
también esta falta de espacio, pues no tenía ninguna
capacidad de maniobra para plantearse cualquier modificación
en la exposición, mientras que seguían llegando piezas
nuevas, algunas de la categoría de la Diana de cuerpo entero,
encontrada en 1900 en la zona alta del teatro de Itálica
junto a una pierna de la estatua de Mercurio. |
(26)
FERNÁNDEZ CHICARRO Y DE DIOS, Concepción;
FERNÁNDEZ GÓMEZ, Fernando (1980) .-Catálogo
del Museo Arqueológico de Sevilla (II). Salas de Arqueología
Romana y Medieval. Madrid, Ministerio de Cultura, 3ª ed., p.
12 |
| En
efecto, durante todo el siglo XIX el interés por Itálica
ha sido constante. Ya José Bonaparte, en su estancia en Sevilla
en 1810, había decretado destinar una renta fija para excavar
el yacimiento (27), y -además de otras excavaciones hechas
en décadas posteriores que fueron
citadas más arriba-, se menciona que también "excavaron"
en Itálica el Mariscal Soult y el propio Wellington (28).
Pero será a partir de 1860, al hacerse cargo del yacimiento
D. Demetrio de los Ríos, cuando la investigación de
las ruinas se haga continuada y regularmente, con la correspondiente
repercusión en el incremento de los fondos del museo. Durante
la primer mitad del siglo XX las excavaciones se suceden. Primero
las de Fernández López, luego las de Rodrigo Amador
de los Ríos, Andrés Parladé, Juan de Mata Carriazo
y Francisco Collantes de Terán, entre otros (29). La ciudad
romana de Itálica se manifestaba así como el más
continuado proveedor de piezas para engrosar los fondos del museo,
terminando el período que nos ocupa con el hallazgo del hermoso
cuerpo de una Venus saliendo de las aguas, aparecido en 1940.
|
(27)
RODRÍGUEZ HIDALGO, José
Manuel (1991) .-"Sinopsis historiográfica del anfiteatro
de Itálica", Historiografía de la Arqueología
y de la Historia Antígua de España (siglos XVIII-XX),
Madrid, p. 93.
(28)
GARCÍA BELLIDO (1979), p. 59.
(29)
LEÓN ALONSO, Pilar (1993) .-"Las
ruinas de Itálica. Una estampa arqueológica de prestigio",
La antigüedad como argumento. Historiografía de arqueología
e historia antigua en Andalucía, Sevilla, pp 29-61.
|
| Sin
embargo la situación de penuria antes aludida en que se encontraba
el museo por aquellos años, paralela a todos estos hallazgos,
duró mucho tiempo. Existía además en Sevilla
otro Museo Arqueológico, propiedad del Ayuntamiento, fundado
en 1886 e instalado en la Torre de Don
Fadrique desde 1920. Estaba formado entre otras cosas por la colección
de D. Francisco Mateos Gago, la cual contenía a su vez piezas
de Itálica, como las interesantes metopas de un templo tardorromano
con representación de los trabajos de Hércules, colocadas
ahora en el salón de actos del museo. Tras varios intentos
durante la década de los 30 por reubicar estos dos museos
arqueológicos sevillanos, tan sólo terminada la guerra
civil española se pudo reordenar la situación. Con
fecha 31 de diciembre de 1941, el Ayuntamiento de Sevilla cedía
el Pabellón Renacimiento de la Exposición Iberoamericana
de 1929 para Museo Arqueológico Provincial. Por el mismo
acto se suprimía el Museo Municipal y sus colecciones pasaban
a engrosar las del Provincial. A partir de 1942 comienza la remodelación
y traslado al nuevo edificio situado en la Plaza de América
del Parque de María Luisa. Por fin se cuenta con espacios
amplios, luminosos y susceptibles de ampliación. La inauguración,
el 25 de mayo de 1946, dentro del contexto de la celebración
del centenario de Nebrija, contará con la presencia del Jefe
de Estado, Francisco Franco. Con una museografía que en la
época será considerada ejemplar, el Museo Arqueológico
de Sevilla comenzaba una nueva etapa en su historia. |
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José Ramón López Rodríguez |
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